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En medio del conflicto militar entre Israel e Irán, que ha vuelto a aumentar gravemente las tensiones en Oriente Medio, el régimen de los ayatolás ha antitético tiempo para enzarzarse además en una polémica con Meta, la empresa matriz de Facebook e Instagram. Esta vez, el epicentro es la aplicación de transporte WhatsApp, que ha sido señalada por las autoridades iraníes como responsable de compendiar información de usuarios iraníes y de hacérsela arribar a Israel.
WHATSAPP Trucos y consejos para OCULTARTE AL MÁXIMO y amparar tu PRIVACIDAD
Ayer por la tarde, la televisión estatal iraní instaba a los ciudadanos del país a desinstalar WhatsApp de sus teléfonos inteligentes. ¿El motivo? Las presuntas actividades de espionaje de la app en auspicio de Israel. Sin secuestro, esta reproche no caldo acompañada de pruebas concretas ni de informes técnicos que respaldaran la afirmación.
El mensaje fue claro y directo, aunque no fue la primera vez que Irán arremete contra servicios digitales occidentales. Ya en 2022, durante las protestas masivas por la muerte de Mahsa Amini bajo custodia de la 'policía pudoroso', el gobierno iraní bloqueó tanto WhatsApp como Google Play. Esa prohibición no fue levantada hasta finales de 2024.
WhatsApp respondió rápidamente a las acusaciones, calificándolas de "falsas", pero fue más allá: la compañía estadounidense interpreta que Irán podría estar preparando el circunscripción para evidenciar una nueva censura o aislamiento precisamente en el momento en que, según la empresa, "la familia necesita más" de sus servicios de transporte.
En su defensa, adicionalmente, WhatsApp recordó que utiliza cifrado de extremo a extremo, lo que impide que terceros —incluyendo a la propia plataforma— accedan al contenido de los mensajes:
"No rastreamos su ubicación precisa, no mantenemos registros de quién se está mensajeando con quién y no rastreamos los mensajes personales que las personas se envían entre sí. No proporcionamos información masiva a ningún gobierno".
A pesar de las afirmaciones de la compañía, algunos expertos en ciberseguridad señalan que existen matices. Gregory Falco, profesor asistente de ingeniería en la Universidad de Cornell, ha explicado en declaraciones a la agencia Associated Press que, aunque el contenido de los mensajes está encriptado, existen "metadatos" no protegidos que permiten inferir ciertos patrones de uso:
"Es posible entender cómo las personas están utilizando la aplicación, y eso ha sido una preocupación constante".

Lo cierto es que Irán ha mantenido una relación tensa y conflictiva con las plataformas digitales extranjeras desde hace casi dos décadas, habiendo apostado claramente por una táctica de censura estatal y control de la información: desde las protestas postelectorales de 2009, las autoridades iraníes han bloqueado el entrada a redes sociales secreto como Telegram, Facebook, Twitter y YouTube, argumentando que estas plataformas son utilizadas para incitar al desorden, difundir propaganda extranjera o promover títulos contrarios a los principios islámicos.
A pesar todo, millones de iraníes han antitético formas de esquivar los bloqueos, de adaptarse continuamente a las restricciones y de amparar su entrada al flujo general de información, utilizando para ello herramientas como VPNs y proxies, lo que ha generado una especie de "Internet paralelo" no oficial interiormente del país: este hecho ha conseguido que la censura tenga enseres limitados en la habilidad.
El gobierno iraní, por su parte, ha impulsado el crecimiento de plataformas nacionales —como Soroush, Bale y Rubika— que buscan reemplazar a las aplicaciones extranjeras, aunque con un éxito establecido. Estas alternativas estatales han sido criticadas por activistas y expertos por su descuido de garantías de privacidad y por estar sujetas a la vigilancia ministerial directa.
En esta última polémica, la descuido de pruebas concretas sugiere que esta advertencia podría tener motivaciones más políticas que otra cosa. A su vez, la remisión a Israel —el gran adversario geopolítico del contemporáneo Irán— actúa como un multiplicador movilizador interiormente del discurso oficialista, apelando a la desconfianza con destino a empresas tecnológicas estadounidenses con supuestos vínculos con intereses israelíes.
Imagen | Marcos Merino mediante IA
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