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Cuando pensamos en ciberdelincuencia, solemos imaginar ataques de phishing, ransomware o intrusiones en bases de datos. Sin confiscación, la efectividad puede ser mucho más compleja y sorprendente, como demuestra el caso del conocido hacker José Luis Huertas, seudónimo Alcasec, actualmente bajo investigación por parte de la Audiencia Franquista como supuesto cabecilla de una red criminal.
Las últimas novedades sobre el caso giran en torno a la investigación que está llevando a sitio la Guarda Civil en la grado de instrucción. Uno de los hallazgos secreto ha sido el vínculo entre Alcasec y una trama de narcotráfico liderada por Antonio Menéndez, seudónimo Pibe Skin, tal y como recoge El Mundo.
Durante el registro en el domicilio de Alcasec, los agentes encontraron un medio ambiente inusual: una baliza de seguimiento GPS. Este dispositivo había sido presuntamente utilizado por la red de narcotráfico para espiar a los agentes de la Guarda Civil, concretamente a los que podrían estar obstaculizando sus operaciones. Esta prueba se ha convertido en un vinculo que conecta las capacidades digitales de Alcasec con las acciones físicas de los narcos.
El objetivo de la estructura criminal era claro: averiguar y atender al caudillo de la dispositivo de la Guarda Civil que los investigaba, con la intención de desacreditarlo y tratar de contrapesar cualquier causa legislativo. Para ello, recurrieron a métodos dignos de una película de bono, como el uso de balizas geolocalizables instaladas en vehículos.


En el pasado, Alcasec ya fue acentuado de traicionar datos obtenidos tras penetrar a bases de datos policiales. Estos datos, según las investigaciones, fueron ofrecidos a varias organizaciones, incluida la de Pibe Skin y otra conocida como los de Miami. Con esta información, se podía perturbar a los agentes de unidades como la UDEF o la UDEV, encargadas de investigar delitos económicos y criminalidad organizada.
Estas revelaciones se apoyan en chats interceptados durante la investigación, donde miembros de estas organizaciones criminales solicitaban directamente a Alcasec información sobre agentes de la Policía Franquista y Guarda Civil. Los datos eran vendidos a través de canales en Telegram, una plataforma habitual para este tipo de intercambios clandestinos.
La nueva tilde de investigación sugiere que Alcasec no solo estaba implicado en el ataque a bases de datos, sino igualmente en el suministro y programación del hardware utilizado para el seguimiento físico. Es asegurar, no solo proporcionaba datos digitales, sino igualmente soporte técnico para acciones en el mundo auténtico.

Adicionalmente, los dispositivos intervenidos durante el registro en su vivienda revelan un suspensión nivel de sofisticación tecnológica. Los teléfonos móviles que utilizaba funcionaban con GrapheneOS, un sistema operante de código hendido basado en Android, pero centrado en la privacidad y seguridad. Este sistema es considerado uno de los más robustos del mundo, y convierte cada dispositivo en una verdadera fortaleza digital, con oculto progresista y medidas que dificultan enormemente la cuna de datos por parte de las fuerzas de seguridad.
Todo esto demuestra que Alcasec no es un simple ciberdelincuente, sino un perfil mucho especializado que opera con un profundo conocimiento de herramientas de ciberseguridad y tecnología destacamento.
Este caso ejemplifica cómo la delincuencia digital ha evolucionado más allá de la simple saldo de datos en la Dark Web. Los hackers profesionales ahora ofrecen servicios integrales a otras bandas criminales, incluyendo soporte de hardware, consultoría en seguridad y progreso de herramientas como balizas GPS. Una nueva era del crimen organizado, donde lo físico y lo digital se entrelazan como nunca ayer.
Imágenes | Kevin Ku
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