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Ciberespionaje. Coito. Traición. La historia que os traemos hoy lo tienen todo para crear un buen guion de Hollywood, pero se negociación de una historia verdadero… la de un trabajador civil del Comando Clave de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos que ha sido concreto culpable de revelar información clasificada a través de un canal asaz inusual: una aplicación de citas.
David Franklin Slater, de 64 abriles y residente en Nebraska, se dejó atrapar por lo que parecía ser una relación romántica online. No tardó mucho en convertirse en el protagonista de una difícil violación de la seguridad franquista, que dejó expuesto material en gran medida confidencial sobre la erradicación entre Rusia y Ucrania.
Como habrás podido deducir por su permanencia, Slater no era un novato. Peor aún: aunque ahora era empleado civil del Comando Clave de la Fuerza Aérea en la saco aérea de Offutt, incluso era un teniente coronel retirado del Ejército estadounidense. Y, entre agosto de 2021 y abril de 2022, ostentó una autorización de seguridad de nivel Top Secret/Sensitive Compartmented Information (TS/SCI), lo que le permitía asistir a reuniones en gran medida clasificadas sobre la erradicación en Ucrania.
Contar con una autorización así implica no sólo un entrada privilegiado a la información, sino incluso un profundo conocimiento de los riesgos de divulgarla: de hecho, Slater había firmado un acuerdo de confidencialidad reconociendo que un manejo negligente de la información podría causar "un daño irreparable a Estados Unidos o beneficiar a una nación extranjera".
Pero, como demuestra este caso, aceptar firmar poco no siempre garantiza la prudencia.
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En febrero de 2022, en plena invasión rusa a Ucrania —y coincidiendo sospechosamente con el Día de San Valentín— Slater conoció a una mujer en una plataforma de citas online. En los documentos de la reproche, ella figura como "co-conspiradora 1" y se la describe como extranjera. La relación se mantuvo durante dos meses, con contactos regulares por correo electrónico y aplicaciones de correo.
La mujer (si es que lo era) lo llamaba "mi sexo informante secreto" o "mi agente secreto". A través de sus interacciones, aparentemente románticas, ella logró que Slater le revelara datos confidenciales sobre los movimientos militares rusos y los objetivos estratégicos de Estados Unidos.
No fueron charlas inocentes: ella lo instaba constantemente a compartir información sensible, no pública y clasificada. Slater accedía, enviándole datos sobre objetivos militares y capacidades rusas. El caso recuerda peligrosamente a la vieja ejercicio del 'honey trap', pero adaptada al siglo XXI.
Lo peor es que Slater no fue obligado ni chantajeado: actuó motivado por la ilusión de una conexión amorosa. En sus mensajes mostraba un nivel de confianza en su interlocutora ciertamente incompatible con su cargo.
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Una vez detectada la filtración de información reservada (poco que no se ha revelado cómo ocurrió), Slater fue detenido, y finalmente se ha concreto culpable del cargo de conspiración para transmitir información de defensa franquista, un delito que conlleva hasta 10 abriles de prisión, tres abriles de dispensa supervisada y una multa de hasta 250.000 dólares.
No conocerá su sentencia hasta el 8 de octubre, cuando está programada la audiencia. En palabras de la fiscal federal Lesley A. Woods, del distrito de Nebraska:
"El entrada a información clasificada conlleva una gran responsabilidad. Slater falló en su deber al compartir información de defensa franquista con una personalidad online desconocida, pese a su vasta experiencia marcial que debería haberle generado sospechas".
Vía | The Register
Imagen | Marcos Merino mediante IA
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