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Hace aproximadamente un año me fui de mi casa para existir un año fuera de España. Como medida de economía, decidí darme de desaparecido en todas las plataformas de streaming. Casi todas estaba subiendo precios y cada vez tenía menos tiempo para ver películas y series.
Y menos mal que lo hice: mi televisión ha estado textualmente apagada los dos últimos meses. Ya meses a espaldas, el consumo que hacía de tele se resumía en ese sumidero de tiempo que es YouTube. Recientemente he vuelto a España, y entre cuentas de amigos y reactivaciones de suscripciones he vuelto al streaming.
Tocaba hacerlo por que tengo irresoluto ver la segunda de 'The Last of Us', la segunda de 'Andor', la segunda de 'Los anillos de poder', la cuarta de 'The Bear' y las últimas partes de 'El Juego del Calamar'. Lo que me he antagónico me ha hecho rememorar en qué se ha convertido el streaming.
Del VHS al STREAMING en todas partes


Como buen millenial, crecí viendo anuncios en la tele, pero los saqué de mi presencia en la adolescencia. Entre YouTube y las descargas, aprendimos a verlo todo sin obligarse nuestro preciado tiempo a la publicidad. Con la arribada del streaming, el maniquí se perpetuó: adiós a la publicidad de la televisión seguido como principio. Podías ver lo que quisieras, sin distracciones.
Sin bloqueo, lo que me he antagónico al retornar a los planes más baratos de mis suscripciones (delante el fin de compartir contraseña) son anuncios, muchos anuncios. Entendiendo que las compañías tienen que compensar sus altos costes, está claro que los anuncios son una vía para ingresar más, pero no puedo no rememorar que, a diferencia de YouTube, el streaming y el vídeo bajo demanda no eran esto. Tampoco YouTube era lo que está siendo.

El momento en que quise reproducir 'Los anillos de poder' en Prime Video fue un shock. Me comí tres minutos de anuncios en una hora, que quieren convertir en seis. Tras tener lugar el shock original, recordé que sería lo mismo en Netflix, Disney+ y Max (que desde hoy vuelve a ser HBO Max).
Para tener lo de siempre en este sentido, una experiencia sin anuncios, tengo que retribuir 17 euros extra al mes, o lo que es lo mismo, 204 euros al año que se suman al precio cojín que ya tienen las suscripciones. Es más metálico de lo que hace 3 primaveras costaba ver todas las plataformas compartiendo con el mayor número posible de personas (según pantallas simultáneas). Y en mi cálculo contemporáneo no he incluido Movistar+, que en su momento sí estaba en mi letanía.
Poco que empezó a darse antiguamente de irme de España, fue la reduflación en el streaming. Pagábamos más que hace unos primaveras, y teníamos menos. Y la cosa no iba solo de anuncios. Netflix siempre había considera que la resolución 4K/UHD, el HDR y Dolby Atmos no deben estar en el plan nuclear, pero no era el caso del resto. Desde el primer día, Amazon ofrecía su mejor calidad de imagen y sonido en un plan nuclear: 4K, HDR y Dolby Atmos estaban ahí.
Lo mismo hicieron Disney+ y HBO (una vez recibió el 4K): 4K, HDR, Dolby Vision, y Dolby Atmos como calidad corriente para nuevos lanzamientos de películas y series (aunque HBO tardó en difundir contenidos con esa calidad). En España, nunca las consideraron funciones Premium o que dieran para presumir de poco infrecuente.
Dejar de ver anuncios y verlo todo con la calidad de antiguamente cuesta un pastizal, que se suma al fin de compartir cuentas
Sin bloqueo, indemne Amazon Prime, que no ha perdido el UHD y el HDR (sí el mejor sonido de Dolby), para montar a contar con la mejor calidad, ahora hay que hacer un desembolso ínclito en cada plataforma para tener todo eso. De antemano, Full HD es una buena calidad, pero ya dábamos por sentado contar con más.
Y el problema es que, por ejemplo, el 1080p de Max ha sido peor que el flamante de HBO Max. Quienes tengan un buen equipo de sonido dedicado o mostrador compatible, incluso echarán de menos Dolby Atmos.
Todas estas medidas no llegan aisladas. Con el fin de compartir de contraseñas de Netflix ya dijimos que estaban delante un cuestionario titánico que toda su competencia observaba con lupa. Y vaya si lo hicieron.
Tras retornar, me he antagónico a una Disney+ que ya no permite compartir contraseña (y los avisos funcionan). Max incluso ha desatado su ofensiva, cobrando 7,99 dólares al mes por miembros adicionales (de momento, solo en Estados Unidos). SkyShowtime, aunque no ha impuesto limitaciones de momento, no veía bien compartir desde sus inicios.
Tengo que asumirlo, el streaming ya no es lo que conocimos. Se ha hecho adulto, y hay que compensar las buenas (y buenas) decisiones que ha ido tomando la industria. Eso sí, mi shock y cabreo me va a durar el verano.
Imagen | Antonio Sabán con IA, Xataka
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