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2025 ha supuesto un 'punto y insólito' para el torneo de Wimbledon, uno de los bastiones más tradicionales del tenis mundial: por primera vez en sus 147 primaveras de historia, se ha disputado sin el auxilio de jueces de cadena. O, mejor dicho: sin contar con jueces de cadena humanos.
En su oficio, el campeonato había anunciado ya el pasado mes de octubre la acogida de un sistema automatizado llamado Live Electronic Line Calling (Live ELC), una progreso del ya conocido Ojo de Intransigente, que detecta en tiempo positivo si una pelota es buena o mala mediante sensores, cámaras de ingreso velocidad y algoritmos de IA.
El objetivo público está claro: disminuir errores humanos y estimular el pernio. Pero la polémica ha girado, más aceptablemente, en torno a las consecuencias no buscadas de esta osadía.
Ahora, sin jueces de cadena ni revisiones, no hay quien corrija los errores del sistema de IA
El sistema Live ELC no solo determina si una pelota ha saliente, sino que incluso canta las decisiones en voz ingreso mediante audios pregrabados. Esto incluye tanto las líneas como los servicios defectuosos. El sistema está activo en todas las canchas del torneo, desde las fases clasificatorias hasta la final.
La osadía de sospechar por este cambio no se da en el hueco: tanto el Open de Australia como el US Open ya habían acogido previamente este tipo de tecnología, dejando a Roland Garros como el final Grand Slam que sigue utilizando jueces de cadena humanos... al menos hasta 2026, cuando se demora que ellos incluso se sumen a la nueva tendencia.
Entre los tenistas que se han pronunciado está el inglés Jack Draper, quien expresó dudas sobre la precisión del sistema tras su exterminio en segunda ronda:
"No creo que sea 100 % preciso. Algunas bolas dejaron marcas en la pista donde no deberían si hubieran sido malas".
Emma Raducanu, incluso británica, fue incluso más crítica:
"Estoy segura de que hubo una pelota que dieron por buena y que fue mala. Es decepcionante que en el torneo haya decisiones incorrectas".
Uno de los momentos polémicos del torneo se vivió en el partido entre Anastasia Pavlyuchenkova y Sonay Kartal: durante un punto esencia, el sistema electrónico permaneció desactivado accidentalmente durante tres puntos, y una pelota que claramente se fue larga no fue cantada como fuera.
Como ya no existe sistema de repetición, el punto tuvo que repetirse, lo que perjudicó a Pavlyuchenkova. "Me habéis quitado el pernio", protestó delante el enjuiciador de apero.
Después, Wimbledon atribuyó lo ocurrido a un "error humano" de los operadores del sistema y ofreció disculpas a ambas jugadoras. Este episodio no ha hecho sino revivificar las voces que piden reintroducir algún sistema de revisión o viejo capacidad de osadía por parte de los jueces de apero.


Pese a todo, los organizadores del torneo han defendido con firmeza el uso del sistema automatizado. Jamie Baker, director del torneo, aseguró que su precisión y fiabilidad están "más que comprobadas", y alegó que su implementación ya es obligatoria en el circuito ATP:
"El nivel de sofisticación del sistema ha aumentado con el tiempo y ahora es más robusto que nunca".
De hecho, argumentan que la tecnología permite extender los horarios de pernio, ya que la visibilidad había sido una restricción en primaveras anteriores, cuando la cultivo de revisión dependía de los humanos.
Sin confiscación, la desaparición de los jueces de cadena supone la pérdida de cientos de empleos en todo el circuito profesional. En los primeros días del torneo, de hecho, hubo protestas más o menos del All England Club con pancartas que proclamaban "No queremos que los robots sustituyan a las personas".
Muchos jugadores, incluso aquellos que valoran la eficiencia de la tecnología, admiten que echan de menos el componente humano. Draper, aunque reconoce que la automatización "facilita la vida", incluso calificó como "una pena" la desaparición de una figura tan emblemática del deporte:
"Era una tradición [...] parte del encanto del tenis".
Vía | ESPN
Imagen | Marcos Merino mediante IA
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